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Más de mil personas se unieron en febrero a una iniciativa creada por Internet que propone dejar de lamentarse por cosas cotidianas

 

 

 

 

Queja viene del latín, de quassiare, de quassare, que significa golpear violentamente, quebrantar, y expresa un dolor, una pena, el resentimiento, la desazón… Un amplio espectro de sensaciones pero con un nexo común: su carácter negativo. Y este lleva al odio y, como es bien sabido, el odio lleva al lado oscuro. Con esto en mente, un par de amigos, Thierry Blancpain y Pieter Pelgrims, decidieron establecer en febrero el proyecto Complaint Restraint February. Un mes de 28 días en el que uno no podían quejarse por tonterías.

“Pieter y yo llevamos siendo amigos desde hace 10 años y hemos trabajado juntos en muchos proyectos y en invierno de 2010, tuvimos la idea de dejar de quejarnos por un mes”, cuenta Blancpain. Este suizo creador de tipografías no sabe de quién fue, pero supone que uno de los dos se estaba dando la tabarra y el otro le dijo que se callase durante un mes. “Como después nos sentimos más felices, decidimos repetir al año siguiente”. En 2014, preguntaron a algunos amigos si querían unirse y, tras ver que también sentían los efectos, en 2015 lo abrieron al público con una web para que se apuntaran al experimento. Esperaban tener alrededor de 50 solicitudes. Al final fueron 1.750.

Tras aclarar que quejarse no es malo de por sí, Blancpain explica que su idea es dejar de hacerlo por las pequeñas cosas que en realidad no importan. “La lluvia, el bebé que llora en el restaurante, el jefe que te hace estar una hora más en la oficina, el autobús que perdiste para ir al trabajo”. Acontecimientos que “vistos con perspectiva no importan y en las que enfocarse es una pérdida de tiempo y energía”. “Si tenemos comida, casa, familia, amigos…¿no deberíamos ser felices?”.

También afirma que los beneficios de esta actitud tienen dos caras. Por un lado, aumenta “la sensación de felicidad” y disminuye la de “estar quemado”. Por otro, adquirimos “conocimientos sobre la forma en que nos comunicamos y cómo se comunica la gente de nuestro alrededor”. Durante ese mes, asegura que se da cuenta que ciertos conocidos son muy negativos y que por consecuencia interactuar con ellos le hacen ser más infeliz. “Puede sonar duro, pero creo que no es razonable pasar tiempo con una persona con la que nos sentimos peor después de quedar”.

Sin ser expertos en psicología, Blancpain y Pelgrims tienen el conocimiento que da años de práctica. El truco es dar la vuelta a las quejas a base de hacer sugerencias positivas. “Si alguien viene y me cuenta que alguna pequeña cosa negativa sobre su trabajo, le pregunto si no cree que su jefe horrible es señal de que debe buscar un nuevo empleo”. Cuando hace mal tiempo y no se puede estar en la calle, sugiere ir a “ver una peli”. Algunos van un poco más lejos y llevan una goma elástica alrededor de la muñeca con la que se provocan dolor cada vez que se quejan en alto para condicionarse pavlovianamente. “A lo mejor ayuda, pero lo importante no es dejarlo completamente [esto Blancpain lo considera imposible] sino darse cuenta y redirigir esa energía” a aspectos positivos.

Este ha sido el primer año que lo abren al gran público. Su experimento ha sido un éxito. Algunas personas que acudieron, les mandaron correos electrónicos asegurándoles que habían hecho su vida mejor, otros comentaron que tuvo un efecto negativo en su vida al darse cuenta que tenían gente muy negativa en su entorno. El éxito les pilló por sorpresa, así que para la próxima edición piensan preparar materiales, artículos, experiencias… para ayudar a los que quieran unirse.

Escogieron febrero debido a que es el mes más corto del año y sería más fácil de lograr, pero parar de ayear no está ceñido a ese periodo. “Puedas dejar de quejarte ahora mismo, estás donde estés, y tener un mejor marzo, abril o junio”. Solo recuerda, si algo “realmente malo” ocurre en tu vida, mejor “cuéntaselo a tus amigos”. Se supone que tiene que hacerte sentir feliz, no miserablemente solo.

Fuente: ELPAÍS